Luis Lacalle Pou, desde Uruguay, comentó con ironía: "El resultado ya se sabía de antemano".
Y en la Argentina, el presidente Javier Milei, evocó uno de sus spots de campaña para marcar el rechazo a los sucedido en Venezuela: "Argentina no va a reconocer otro fraude. Dictador Maduro, afuera".
Nicaragua, Cuba, Guatemala y Bolivia fueron los únicos países hasta el momento en saludar a Nicolás Maduro reconociendo su victoria. Llama la atención el tiempo transcurrido y que desde Brasil el gobierno de Lula da Silva no haya tenido ningún pronunciamiento hasta el momento.
En la víspera, el fiscal general, Tarek William Saab, había advertido que quien ofreciera datos al margen del CNE estaría incurriendo en un delito, y podría ser detenido y procesado. Sin embargo, medios de comunicación al servicio del chavismo comenzaron a publicar encuestas que otorgaban a Maduro una victoria por 10 puntos de diferencia respecto a González Urrutia.
Algunas encuestadoras en las que se basan esos sondeos son falsas, recién creadas. Asesores de Maduro las estuvieron distribuyendo en sus redes sociales, pese a que era evidente que al menos una de ellas, con sede supuestamente en Miami, acaba de ser creada para la ocasión. Su página web se abrió hace 18 días antes, igual que la cuenta en Twitter, y la compañía no aparece en ningún registro mercantil de Estados Unidos. Esa guerra de cifras estuvo presente durante toda la jornada.

Poco después de que Amoroso lo diese por vencedor, Maduro apareció en una tarima frente al Palacio de Miraflores. “Puedo decir ante el mundo que soy el presidente reelecto de Venezuela”, dijo, rodeado del núcleo duro de su Gobierno, que tenía cara de circunstancias. No les invadía la euforia. El presidente justificó el retraso en la entrega de resultados con un intento de hackeo al CNE, que coincide con la versión que había dado antes el presidente del consejo, que habló de un “ataque terrorista” al sistema. Ninguno de los dos ofreció más datos ni mayor claridad sobre los responsables ni sus objetivos.
“Un resultado irreversible”, dijo el presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, controlado por el chavismo, amigo personal de Maduro y de la primera dama, Cilia Flores. Ni González Urrutia, ni la principal líder de la oposición, María Corina Machado, a la que una inhabilitación de los tribunales impidió ser candidata, reconocieron los resultados.
En las horas previas, al poco del cierre de los centros electorales, el equipo de campaña opositor había hecho público que el CNE solo le había mostrado el 40% de las actas, a pesar de que había desplegado testigos por todo el país. Habían dejado de imprimirlas y transmitirlas. Desde ese instante la preocupación fue máxima entre los antichavistas.
Jorge Rodríguez, operador político de Maduro, y Diosdado Cabello, la mano derecha del presidente, salieron poco después en público dando a entender que habían ganado las elecciones, aunque el escrutinio apenas había comenzado.
Las sospechas de fraude vuelven a rondar una elección venezolana, como en 2018. Estados Unidos y Chile han sido los primeros países en cuestionar abiertamente el resultado. El secretario de Estado de Joe Biden, Antony Blinken, manifestó desde Tokio, donde se encuentra de gira, las “serias preocupaciones” de la Casa Blanca de que “los resultados anunciados no reflejen la voluntad o los votos del pueblo venezolano”.