La artista estadounidense de 65 años cerró de The Celebration Tour en una noche calurosa, en la que derrochó energía y mezcló música con performance, cabaret y baile.
La llegada de Madonna a Río de Janeiro provocó una locura entre sus fans que la vieron este sábado, de manera gratuita, en la playa de Copacabana. La reina del pop está cerrando el tramo de su gira “Celebration Tour”, donde repasa sus 40 años de trayectoria.
La última presentación de la cantante de 65 años en dicha ciudad fue en 2008 con su gira “Sticky and Sweet Tour” en el mítico estadio Maracaná. La llegada de Madonna a Río se viralizó en las redes sociales y cada uno de sus movimientos fueron seguidos de cerca por los medios nacionales e internacionales.
En la previa, los seguidores de la artista colmaron las calles cariocas de color, brillo y mucho glitter. Personas de todas partes del mundo llegaron a la ciudad para disfrutar de una noche única y se estima que son 2 millones y medio de asistentes.
"¡Aquí estamos, Rio, el lugar más bonito del mundo!", saludó la diva, que arrancaba lágrimas de emoción en el público, que se preveía alcanzara 1,5 millones.
"Holiday" le sirvió para recordar sus inicios, cuando llegó con 35 dólares en el bolsillo a Nueva York, pero "con un sueño".
Con decenas de cambios de decorado y trajes, espectaculares luces y muchas pantallas gigantes a lo largo de la playa, Madonna dejó constancia de su infinita capacidad de innovar.
Pasó de colegiala de minifalda a católica irreverente con su capa negra mientras luminosas cruces daban vueltas a su alrededor, en "Like a Prayer", un tema que le costó la excomulgación de la Iglesia católica.
En "Live To Tell" rindió un homenaje a víctimas del sida, entre ellos Freddie Mercury y el legendario músico brasileño Cazuza.
Siguieron simulacros de masturbación y mandalas humanos de bailarines que emitían sensuales gemidos sobre música electrónica...
Porque la Madonna erótica tuvo un rol preponderante hasta cuando agradeció a Río, "que ama hasta mi 'pussy'".
Madonna presentó a su hija Mercy en pleno recital
Y le siguió la Madonna madre, que presentó con orgullo a su hija Mercy James mientras tocaba el piano.
El amor de la reina del pop por Brasil tuvo su momento, primero con Anitta, la reina del funk, el género salido de las favelas cariocas.
Ambas compartieron un número como jurados de un desfile de bailarines en "Vogue", entre ellos Estere, otra de las hijas de Madonna. No obstante, Anitta no cantó.
Sí lo hizo la otra invitada local, la cantante drag Pabllo Vittar, que subió al escenario con un grupo de chicos que tocaban tambores.
Fue el turno de "Music", que Madonna cantó mientras sacudía la bandera 'verdeamarela'. Un final épico, con un mix de "Billie Jean", de Michael Jackson, y "Like a Virgin" pusieron la cereza al pastel, que Madonna colocó exultante, y sudada, casi dos horas y media después del arranque.
Helicópteros de policía, drones y hasta un zepelín zurcaban el cielo, mientras decenas de yates y otras embarcaciones disfrutaban en primera fila desde el mar.
Madonna cerró una intensa gira con su recital en Río de Janeiro
Tras 80 presentaciones en 15 países de Europa y Norteamérica, el concierto en Rio cerró con broche de oro The Celebration de una gira que se volvió especialmente significativa, después de que en junio una grave infección bacteriana hiciera temer por la vida de la cantante.
Desde que en 1984 el éxito "Like a Virgin" la catapultó a la escena internacional, Madonna lanzó un álbum cada dos o tres años y hoy es considerada una de las mayores artistas pop de todos los tiempos.
El megaconcierto, cuya producción involucró a miles de personas, costó 60 millones de dólares, 17 de ellos del caché de la artista, según medios locales.
Es una apuesta económica de Río de Janeiro, que inyectó 4 millones de dólares de los 12 millones de dólares que cuesta la producción.
Las autoridades estiman que el espectáculo aportará 60 millones de dólares a la economía local, con una ocupación hotelera inusitada para la época y cientos de restaurantes y comerciantes haciendo su temporada extra.
Pero sobre todo, saben que albergar el mayor concierto de Madonna es pasar a la historia. Y eso no tiene precio.