La Selección Argentina Juvenil se enfrentará hoy domingo a la Selección Colombiana Juvenil, en Venezuela, con la intensión de obtener su segundo triunfo consecutivo en el Grupo B del Campeonato Sudamericano Sub-20 2025.
El encuentro se disputará en el estadio Polideportivo Misael Delgado, situado en la ciudad de Valencia (Venezuela), desde las 20:30 horas. El partido contará con el arbitraje del chileno José Cabero. El mismo será transmitido por la señal deportiva Directv, DSports.
El combinado nacional dirigido por el entrenador Diego Placente llega a este duelo luego de golear 6-0 a Brasil en el primer encuentro del Grupo B del Campeonato Sudamericano Sub-20. Con esta contundente victoria, la Argentina se encuentra en el primer puesto de la fase de grupos del certamen sudamericano.
Por otra parte, el “Cafetero” no disputó ningún partido de la fase inicial de la competencia, porque la Fase de Grupos está integrada por cinco selecciones diferentes. Por este motivo, Colombia debió espera una fecha para medirse ante un rival del torneo.
En cuanto el historial de los duelos históricos entre estos dos equipos, Argentina lidera con tres triunfos, un empate y una derrota. Sin embargo, el último enfrentamiento entre las dos entidades sudamericanas se lo llevó Colombia, con una victoria 1-0 frente a la Argentina por el duelo por la Clasificación al Sudamericano Sub-20.
Con aquella catastrófica derrota, el elenco comandado por el director técnico Javier Mascherano quedó eliminado del hexagonal que otorgaba cuatro plazas para el Mundial de Indonesia 2023. Sin embargo, luego terminó clasificando por la determinación que tomó la FIFA con el cambio de sede.
Probables formaciones
Argentina: Santino Barbi; Dylan Gorosito, Juan Valentín Giménez, Tobías Ramírez, Julio Soler, Valentino Acuña, Milton Delgado, Maher Carrizo, Claudio Echeverri, Ian Subiabre y Agustín Ruberto. D.T: Diego Placente.
Colombia: equipo sin definir
Javier Milei llegó al gobierno proclamando el respeto irrestricto al proyecto de vida ajeno para que ni bien sentarse en el sillón presidencial pasar al conservadurismo más extremo, al que pretende imponer por la fuerza. Sus fieles seguidores, su núcleo duro, parece no encontrar contradicción en eso y así como vitoreaban que la libertad es -indiscutiblemente- un bien supremo; ahora no vacilan en proponer exactamente lo contrario: la persecusión y exterminio de cualquiera que no se ajuste a sus postulados básicos, esos mismos axiomas que también pueden mutar de acuerdo al viento. ¿Por qué sucede que una misma persona puede pasar del liberalismo al fascismo sin que encuentre, ni él un quienes lo rodean, contradicciones en ello?
El discurso de Javier Milei en el Foro Económico de Davos, en el que no habló de economía sino de feminismo, homosexualidad, pedofilia y crímenes diversos enlazando hechos y conceptos de manera absolutamente brutal; hubiera escandalizado al mismo Milei de hace dos o tres años. Pero nada de eso parece suceder en su micromundo mesiánico, que además de políticamente fascista se asemeja de manera cada vez más a la de los líderes sectarios y su influencia en los fieles.
El discurso, la forma, y el fin de un dirigente fascista y un líder sectario tienen un punto en común: el uso de un método conocido como la “ventana de Overton”, un concepto de comunicación política pensado por Joseph Overton, ex vicepresidente del think-tank Centro Mackinac de Política Pública, y que pasó a llevar su nombre tras su muerte en 2003.
La ventana de Overton es un modelo de cambio político. Ese espacio figurado incluye ideas aceptables para la ciudadanía, y por lo tanto para los políticos que representan a los diversos sectores de esa masa. La “opinión pública” es una de las variables para que esa ventana se amplíe o mueva en un edificio imaginario hacia arriba o hacia abajo, considerando que en esa verticalidad la cima comprende las mayores libertades y la base las mínimas. Pero sabemos que la opinión pública es una construcción social producto, en buena medida, de la eficacia del concepto de “propaganda”; por lo tanto, lo que esa generalidad opinante hoy puede ver como escandaloso o ridículo, mañana -y por persistencia del discurso mediático hegemonizante- puede sentir como posible o hasta incluso positivo o necesario. Usar los verbos “ver” y “sentir” en esa construcción de opinión no es casual: en general no se requiere ni de estadística ni de datos empíricos, sino de sentimientos básicos, generalmente de rangos negativos como el miedo y el consecuente odio son cimientos fundamentales para moldear eso que luego los medios y sus mediadores dirán que es “lo que piensa la gente”.
La derecha política suele ser mucho más hábil que la izquierda en el uso del método de la propaganda, porque logra ser más persistente en sus resultados. La ventana de Overton se supone excluye todas las ideas inaceptables para la comunidad -o público- y las torna entonces también inaceptables para los políticos. ¿Pero qué sucede cuando una parte u otra quiere incluír un concepto o modo que no es admisible? Pues hay que desplazar la ventana en la dirección que marca esa idea de modo tal que quede incluída en su marco.
En el libro “La Quinta disciplina” su autor, Peter Senge, afirma que somos sujetos de la parábola de la rana hervida, ese pequeño animalito al que si sumergiéramos en una olla de agua hirviendo saltaría de inmediato para salvar su vida pero que si por el contrario, la metemos en agua a temperatura ambiente que comenzamos a caldear con lentitud, la pobre ranita iría adaptándose al calor de modo tal que ni siquiera perciba cuando esté a punto de ser achicharrada. Del mismo modo los humanos, sumergidos en la vertiginosidad de la información, y con el avance de las redes sociales como factor fundamental de propaganda, cambiamos de paradigmas sin que frecuentemente notemos que lo que hoy pensamos o avalamos hace poco podría habernos generado rechazo. Es que nos corrieron la ventana.
Cuando en los 90 estuvo en auge el tema de las sectas, solía hablarse de “lavado de cerebro” como el método aplicado brutalmente sobre las víctimas, para lograr su sumisión o cambio radical de vida; la realidad es que más que eso es una especie de persuasión coercitiva que comprende los cinco pasos, la secuencia que determina Overton en ese “corrimiento de ventana” para que aquello que era inaceptable, pase a ser popular y requerido. Esas cinco etapas son “de lo impensable a lo radical”, “de lo radical a lo aceptable”, “de lo aceptable a lo sensato”, “de lo sensato a lo popular”, y por último “de lo popular a lo político”. Es, básicamente, la idea de la ranita en las aguas que van calentándose sin que lo note.
Un ejemplo clásico
“Puede ser más eficaz que la carga nuclear como arma para destruir comunidades humanas", dijo el columnista Evgueni Gorzhaltsán acerca del uso político de la estrategia de la ventana de Overton. En un artículo de su autoría puso el ejemplo radical de cómo convertir en aceptable la idea de legalizar el canibalismo paso a paso, desde la fase en que se considera una acción repugnante e impensable, completamente ajena a la moral pública, hasta convertirse en una realidad aceptada por la conciencia de masas y la ley. Ese ejemplo luego se tomó como referencia clara y es el que se usa habitualmente para explicar el fenómeno.
En la primera etapa, la que describe como se pasa de lo impensable a lo radical, expone que el canibalismo es una práctica rechazada por todos y su legalización inaceptable. Para modificar esa percepción, quienes quisieran imponer el tema en la agenda y que finalmente se acepte y promueva apelarían al primer paso: crear un grupo de personas que amparadas en el pretexto de la libertad irrestricta de acción y expresión, y con supuestas argumentaciones antropológicas y culturales, expliquen cómo algunas comunidades ven a esta práctica como normal, y se sostengan en algunas declaraciones “autorizadas” que relativicen la cuestión moral y ética de comerse unos a otros. Las redes sociales, como apoyatura, harían parte del trabajo creando una comunidad virtual de grupos e influencers caníbales que reclaman por sus derechos; actividad que inmediatamente sería difundida por los grandes medios de prensa como noticia o novedad. Y el tabú comienza a relativizarse.
El segundo paso es el de lo radical a lo aceptable, y es cuando se buscarían fundamentos científicos que explicasen que, por ejemplo, que el canibalismo no implica más que una decisión individual que no afecta en nada a la sociedad; que es un derecho particular y que quien se opone es porque es necio o fanático intolerante a cosas nuevas. Es el momento de las palabras: si las cosas solo existen cuando son nombradas, cuando dejan de nombrarse, ya no son. Por lo que al canibalismo lo renominaríamos como antropofagia, y luego antropofilia, hasta que finalmente se pierde de vista su nomenclación original con su capital simbólico.
La tercera etapa, de lo aceptable a lo sensato, es la de imponer la justificación del deseo con frases como slogans: “El hombre realmente libre tiene derecho a decidir qué come”, si no es posible comerse a su vecino, no es libre y por ende, la sociedad y las leyes que se lo prohíban son malas. Y nuevamente la labor de medios y mediadores harían lo suyo poniéndole micrófono a cuanto personaje pueda decir que a lo largo de la historia de la humanidad siempre hubo personas que se comieron unas a otras, que era una normalidad y que no conocerla es de ignorantes. Es en cierta forma, banalizar el mal e invertir la carga de la prueba, pues quienes no sepan-no acepten son intelectualmente marginales, y nadie en su sano juicio quiere habitar esa zona.
Sigue la cuarta etapa, que va de lo sensato a lo popular y es aquí donde aparecen las figuras políticas, los personajes influyentes, los comunicadores y hasta los artistas dispuestos a imponer una moda, una tendencia, y hablar abiertamente de la antropofilia en letras de canciones, películas, videos de influencers de redes.
La quinta etapa es la que va de lo popular a lo político: es el momento de contener la enorme presión que fue gestándose en medios y redes, y que conminan al poder político y sus ejecutores a legalizar los derechos de la práctica caníbal. Encuestas, opinólogos, y manifestantes en pos del canibalismo indican que el porcentaje social que avala la libertad de comerse entre humanos es un reclamo legítimo y urgente para terminar con la dictadura de la alimentación limitada a frutas, verduras y carne animal.
Es en este punto que la teoría de la ventana de Overton llega a su punto de interacción política. Es tal el corrimiento moral o ético de la premisa, que cualquier punto intermedio entre el de partida y el de llegada será aceptado por todos: los radicalizados que nunca aceptaron la posibilidad de que pueda ejercerse el canibalismo verán con cierto alivio que se reglamente que solo se permite amputar un miembro de un cuerpo humano ajeno para su consumo en casos de extrema necesidad y cuando la persona a comer esté muerta por causas naturales. Los radicalizados en el otro extremo, convencidos de que es lícito poder ir por la vida achurando gente al paso para masticarla, también verán con satisfacción que por lo menos se logró un paso más en el avance del canibalismo.
Los políticos que instalaron la necesidad, nunca pensaron en el extremo total de la medida, pero la agitaron para lograr lo que sí era de su interés, el punto medio, que finalmente no escandalizó a nadie como lo hubiera hecho si hubiera sido desde el principio, el último eslabón de la cadena.
El discurso de Javier Milei en Davos tiene que ver con este método. Sabe que no es posible que el mundo todo adhiera a los delirantes postulados que quiso imponer. Pero logra meterlos en la agenda mediática, sobre todo argentina, y que terminemos discutiendo si todos los homosexuales son pedófilos, cuando nunca, en ningún otro momento, se nos hubiera ocurrido sentenciar semejante brutalidad. La trampa mediática para darle voz a los difusores de estas ideas es bien clara en estos tiempos: ponerle micrófono a cualquiera con el argumento de que hay que escuchar todas las campanas, poniendo en paridad, por poner otro ejemplo, lo que pueda decir un astrónomo y un terraplanista, para que “la gente decida”.
El presidente argentino, además, y sin ningún precedente igual en la historia argentina reciente y democrática, amenazó directamente con perseguir a todos los que no piensen como él, a quienes además calificó como “hijos de puta”. La ventana de Overton presidencial es, a esta altura, claramente fascista.
Ivy Cángaro
Los dirigidos por Diego Placente comenzaron el torneo con el pie derecho: superaron 6-0 a la "Canarinha", con goles de Ian Subiabre, Claudio Echeverri, por duplicado, Agustín Ruberto, Igor Serrote y Santiago Hidalgo.
El 19 de julio, Ángel Di María interrumpió sus vacaciones para desahogarse: «¿Por qué no se la agarran con los que no quieren que vuelva? Gracias», lanzó en Instagram.
El presidente del Canalla, Gonzalo Belloso, confirmó que «Fideo» continuaría en Benfica: «No sentía las garantías de seguridad para él y su familia».
Con solo 30 años, Alejandro Ficcandettii, alias «Rengo», estaba por alcanzar su máximo sueño. Como tantas otras veces, hizo la previa en las inmediaciones de la cancha de Newell’s, pero ese día se movía más suelto, con el pecho inflado, con aire de superioridad por saberse el flamante jefe del paraavalanchas. Un anhelo que persiguió desde chico. Un lugar para el que tuvo que mancharse las manos. Gracias a él, amenazas mediante, Angelito no regresaba a Rosario Central. Él había hecho su parte, ahora Los Monos debían hacer la suya: «Yo siempre cumplo lo que prometo. Yo siempre les hice la guerra a los ‘sin aliento’. El martes vamos a estar nosotros en la cancha».
Ese 23 de julio, Newell’s empató sin goles con Independiente Rivadavia de Mendoza.
Ese fue el primer partido de Ficcadenti al frente de La banda de la Lepra. También el último: a las 48 horas, el fiscal Pablo Socca ordenó arrestarlo a él y a su segundo, Sergio Di Vanni,
alias «Bebé», aunque era 13 años mayor que él. El motivo: precisamente, la amenaza contra el campeón del mundo.
En los allanamientos, la Policía de Santa Fe les encontró un cuaderno Avon de la edición del glaciar Perito Moreno con infinidad de anotaciones, a las que tuvo acceso ENCRIPTADA. De puño y letra, estos barras llevaban los registros de sus «servicios». Entre otras cosas, era el diario de un secuestro; también, la contabilidad de la mafia. Los mensajes de texto, los audios y las capturas de pantallas -algunos borrados- completaron un rompecabezas llamado Gastón Tallone, un empresario vinculado a la Terminal Portuaria Concepción del Uruguay (TPCU).
Ficcadenti comenzó a planificar el secuestro de Tallone, al menos, desde el 13 de junio. Ese día, recibió un mensaje de Los Monos por el «servicio»: pedir ayudar a «alguien de las fuerzas» para conseguir las direcciones de familiares de la víctima para «ir a cobrar», es decir, vengarse por el robo de 340 kilos de cocaína en aquel puerto de Entre Ríos.
Finalmente, los hombres de Ficcadenti, ayudados por un socio y un exsocio de Tallone, lo secuestraron el 8 de julio, ante las cámaras de seguridad de Nación Servicios, una empresa del Banco Nación, ubicada en Anchorena 454, en la zona del Abasto. La propia víctima pagó 100 mil dólares para que lo liberaran esa misma noche, pero no fue suficiente: dos rosarinos lo llevaron a un rancho de Ingeniero Maschwitz.
A la madrugada se perdió su rastro.
Para siempre.
Después, llegaron los primeros mensajes extorsivos a la familia de Tallone. Una de esas amenazas, como demuestra la foto que ilustra esta nota, los barras de Newell’s la escribieron en el cuaderno Avon.
Rezaba: «Cumpa, tu papá dice que tiene un embarque llegando de Japón con la nuestra. El que sabe todo es Matías, su amigo. Dice que se comuniquen con el ‘Pelado’, que tiene 300 lucas que le deben a él y que las cobraba la semana pasada o esta. Si no que le pida al joyero que adelante plata. Vendan vehículo o propiedad para juntar la nuestra. Saldadas las deudas, lo largamos. Es corta esto. Solo queremos lo nuestro. Baten la cana y se termina todo acá y nunca más nos vimos”.
Al principio, el expediente estuvo a cargo del juez federal Pablo Seró y la fiscal Josefina Minata, ambos de Concepción del Uruguay, quienes ya investigaban a la víctima por narcotráfico. Ellos contaron con la colaboración del fiscal Santiago Marquevich, de la Unidad Fiscal Especializada en Crimen Organizado (Ufeco). Luego, como el secuestro sucedió en Buenos Aires, el caso pasó a manos de la jueza federal María Servini y el fiscal Carlos Stornelli.
Por el secuestro con final oficialmente incierto, el juez Seró procesó con prisión preventiva a José Uriburu y Juan Carlos Miró,
el exsocio y el socio, respectivamente, que lo traicionaron, instigados por Los Monos.
Tras la incompetencia, la jueza Servini indagó a Ficcadenti y Di Vanni, quienes ya estaban en la cárcel, justamente, por la amenaza a Angelito; y también a Gustavo Juliá. Los detectives llegaron hasta este narcotraficante, famoso por aterrizar un jet con 944 kilos de cocaína en 2011 en España, porque con su teléfono compró dos colchones por Mercado Libre.
En paralelo, la magistrada ordenó arrestar a Mauricio Zabaleta
, alias «Harry», por hacerse pasar por los secuestradores de Tallone, extorsionar a la familia e intentar sacarle más plata. Y eso que era amigo de la víctima. «Harry» es hermano de Juan Zabaleta, más conocido como «Juanchi», exintendente de Hurlingham y exministro de Desarrollo Social del gobierno de Alberto Fernández.
Del secuestro de Tallone participaron, al menos, tres barras más.
Uno durmió una noche en una casa de Juliá.
Gentileza Encripdata.
El Ente Tucumán Turismo ofrece vivir “Un verano de sensaciones” con cientos de actividades, destinos sorprendentes para conocer y experiencias inolvidables que combinan tradición regional, belleza natural y cultura ancestral.
El encuentro tuvo el objetivo de informar sobre el proyecto de pavimentación articulada con adoquines que beneficiará a más de 300 frentistas de barrio Talleres. Estos trabajos se realizan de forma conjunta entre municipio y vecinos a través de contribución por mejoras.
Las personas que necesiten ayuda para concretar el trámite podrán dirigirse con su tarjeta SUBE, DNI y mail activo a Fornieles 648, de lunes a viernes, de 9 a 17 horas.
